El Plan de Acción Climática de la ciudad petrolera pretende mitigar el impacto del cambio climático y mejorar la calidad de vida y la salud de sus habitantes.
con el impulso de políticas verdes en el transporte, gestión de materiales, la optimización de los edificios y la transición energética
Luis G. Fernández Martínez | luisf@zarateabogados.com | EscalaLegal | A1V5 ![]()
La ciudad más habitada de Texas, corazón de la industria petrolera y de gas natural norteamericana, ha publicado el pasado mes de abril su plan de acción climática.
A fin de convertir a esa ciudad en un entorno de emisiones de carbono neutras en 2050.
Y mitigar el impacto del cambio climático en la ciudad.
Este plan se encuentra alineado con los objetivos del Acuerdos de París, y con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), particularmente con los relativo a los puntos 7:
- “Energía Asequible y no Contaminante”,
- “Ciudades y Comunidades Sostenibles”
- «Producción y Consumo Responsables”
- “Acción por el Clima”.
Es claro que la publicación y futura implementación del referido plan, responde a un reconocimiento por parte de las autoridades gubernamentales de dicha urbe.
Sobre los efectos que el cambio climático ha tenido sobre la mancha urbana houstoniana.
Particularmente los asociados a fenómenos hidrometeorológicos y en materia de medio ambiente.
Y, por otro lado, la urgencia de establecer las condiciones y lineamientos necesarios para mejorar la calidad de vida de sus habitantes, asegurando:
- La salud y el bienestar económico de dicha urbe
Es claro que la publicación y futura implementación del referido plan de acción climática.
responde a un reconocimiento por parte de las autoridades gubernamentales sobre los efectos que el cambio climático ha tenido sobre la mancha urbana de Houston
Ahora, si bien la imagen de esta urbe texana es asociada de inmediato al gas natural y los hidrocarburos en general.
Es preciso señalar que el contexto nacional norteamericano y texano, demuestran claras tendencias de una transformación en su matriz energética.
Por ejemplo, según datos de la pagina de la Administración de Información Energética del Gobierno de los Estados Unidos (“US Energy Information Administration” por sus siglas EIA):
La generación de electricidad a partir de fuentes renovables superó al carbón y muestra una clara tendencia ascendente.
Objetivo dentro del plan de acción climática, aquí analizado.
Asimismo, según reporta el Consejo de Fiabilidad Eléctrica de Texas (“Electric Reliability Council of Texas” por sus siglas ERCOT):
A junio de 2019, la generación eólica texana, superó al carbón, constituyendo ya una quinta parte de la producción energética en toda esa entidad.
Incluso, el mismo organismo precisa que para ese año de los casi 100 GW registrados en el informe mensual del mes de junio.
Relativos del estado de interconexión del operador de la red, casi 95 son eólicos y solares.
Ha esto, se añade que, en esa propia entidad, existen ya ciudades como Georgetown, que han optado al menos desde el sector público. A consumir casi en su totalidad, energía producida mediante fuentes renovables.
Nos encontramos con las condiciones idóneas para la creación de una política pública que instrumente una nueva política energética en esa urbe texana.
Pero entonces, ¿qué objetivos propone este plan?
La respuesta es que se divide en cuatro grandes rubros:
- Relativos al transporte
- La gestión de materiales
- La optimización de los edificios
- La transición energética.
Las metas especificas de cada punto, pueden resumirse de la siguiente manera:
En lo relativo al transporte y la energía:
La meta puntual es convertir la totalidad de la flota municipal de vehículos ligeros a vehículos eléctricos para el 2030.
En cuanto a la optimización de los edificios:
La meta es la incorporación de los mecanismos de infraestructura y tecnología necesarios como la adopción de métodos de codificación y gestión.
De al menos el 70 por ciento de los edificios no residenciales por personal operativo capacitado en operación de construcciones para el año 2030.
Esto básicamente se traduce en la instrumentación de el concepto de Smart City.
En lo concerniente a los materiales y la energía:
Las metas puntuales están orientadas a la reducción del consumo y desperdicio en zonas residenciales por la mitad al año 2040.
En la transformación de la flota encargada de desechos sólidos en vehículos de bajas emisiones en los próximos 10 años.
Finalmente, en lo relativo a la transición energética:
Las metas del plan de acción climática, son la generación local de al menos 5 millones de MWh, producidos mediante fuentes solares al año para el año 2050.
Y atraer o incubar 50 compañías de Energía 2.0, para 2025. Acompañadas las anteriores de una estrategia consistente en la plantación de al menos 4.6 millones de arboles nativos para 2030.
Es claro que este Plan de Acción Climática pretende instrumentar un cambio profundo que transformará el panorama energético houstoniano.
al servir de soporte de los estándares de la cartera renovable aplicables (“Renewable Portfolio Standards” por sus siglas “RPS”).
Ahora es preciso señalar que estos objetivos gozan de una estructura que resulta crucial para su correcta implementación.
Que consiste en la diversificación de los actores participantes, y el rol que juegan en cada una de estas metas.
Entonces, es claro que este Plan de Acción Climática pretende instrumentar un cambio profundo que transformará el panorama energético houstoniano.
Al servir de soporte de los estándares de la cartera renovable aplicables (“Renewable Portfolio Standards” por sus siglas “RPS”).
Sin embargo, la cuestión inherente a determinar, es si los objetivos trazados, indirectamente se relacionan con los “RPS”, resultan rentable o no.
Desde una perspectiva económica y la respuesta parece indicar que sí.
Un estudio realizado:
«precisa que los beneficios derivados de la implementación de los RPS, exceden los costos derivados, aún y cuándo se considerarán los costos más altos y beneficios más bajos.»
Laboratorio Nacional de Energía Renovable en 2016 (“National Renewable Energy Laboratory” por sus siglas NREL)
Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley (“Lawrence Berkeley National Laboratory” por sus siglas LBNL).
Entendiéndose por beneficios los relativos a la salud y medio ambiente.
Así como, los costos como lo relativo a la operación del sistema eléctrico y los precios de los servicios en éste por su operación.
Asimismo, un estudio realizado al auspicio de la Oficina de Programas Estratégicos de la Oficina Energética y Energía Renovable del Departamento de Energía de los Estados Unidos (Office of Energy Efficiency and Renewable Energy) establece:
Que los beneficios derivados de la implementación de este de políticas a la salud humana asociadas con el aumento de la calidad de aire, ascienden al menos a $48 mil millones de dólares.
Aunados a $37 mil millones adicionales en beneficios por la reducción de daños climáticos, y beneficios por uso reducido de agua.
Sin mencionar los beneficios por la reducción de la mortalidad prematura derivada de la contaminación del aire.
Una disminución de al menos 29 por ciento para cada contaminante del aire, principalmente SO2, NOx y PM2.5.
Por tanto, este Plan de acción climática, se erige como un mecanismo factible, rentable y necesario para contribuir a lograr la transición energética de esa ciudad.







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