Al igual que México, el gobierno de Corea del Sur promovió la competencia en la industria energética con reformas estructurales.
y hoy KEPCO, la empresa paraestatal con participación privada, se ha enfocado en el desarrollo de energías renovables.
¿Qué tenemos que aprender del país asiático?
Shirley Wagner | shwagner@yahoo.ca | Escala Legal | A1V5 ![]()
I. Una aproximación al caso de Corea del Sur
La República de Corea (“Corea”) ocupa el 9 lugar mundial en producción de electricidad dado su alto nivel de tecnificación e industrialización.
Para hacer frente a estos requerimientos energéticos, Corea ha sufrido una profunda transformación en su política energética derivada principalmente de los cambios en su gobierno.
De forma análoga a otros países, la industria eléctrica coreana inició en 1898.
Con el desarrollo de centrales térmicas aisladas, cercanas a centros urbanos e industrias.
El monopolio estatal, KEPCO, fue establecido en 1961, resultado de la fusión de las 3 empresas que subsistían.
En 1978 inauguró la primera central nuclear, disminuyendo la dependencia casi total de combustibles fósiles importados. Una buena industria energética.
En 1994 KEPCO listó acciones en el NY Stock Exchange,
iniciando con ello la participación privada.
En abril de 2001 la generación fue dividida en 6 subsidiarias:
Una para generación nuclear e hidroeléctrica y las otras 5 dedicadas a generar con combustibles fósiles.
Asimismo, promovió la competencia en la industria energética con reformas estructurales, estableció un mercado eléctrico que opera de forma similar al de México.
Con despacho basado en costos marginales de generación, permitiendo que el mercado decidiera la oferta y demanda de energía y los precios de ésta.
En las últimas cuatro décadas, Corea se convirtió en potencia industrial.
En la industria energética KEPCO construyó centrales nucleares hasta obtener licencias propias y empezó a exportar tecnología a otros países.
Estableció centros nacionales de investigación tecnológica aplicada e ingeniería de mantenimiento que da servicios de generación y transmisión en Corea.
Además, exporta servicios a otros países, incluyendo a Comisión Federal de Electricidad en México.
Actualmente cuenta con 30 subsidiarias para atender actividades de generación, transmisión, distribución, comercialización, investigación y desarrollo, inversión y financiamiento. Así genera su industria energética.
En el sector eléctrico nacional e internacional .
Un cambio radical en años recientes es que KEPCO se ha enfocado en el desarrollo de energías renovables, particularmente eólica,
y ha intensificado la modernización de su red de transmisión para facilitar la integración de estas energías
A la vez, ha iniciado el gradual desmantelamiento de las termoeléctricas más antiguas.
Cabe resaltar que actualmente la generación, transmisión y distribución de electricidad en Corea.
Es desarrollada por la empresa de capital mixto Korea Electric Power Corporation (“KEPCO”). La industria energética coreana.
KEPCO es responsable de la generación del 93 por ciento de la electricidad, cuenta con una capacidad instalada de 65,383 MW.
La estructura de capital es 59 por ciento estatal (gobierno, banco nacional de desarrollo y fondo de pensiones
El restante 41 por ciento de inversión privada, nacional y extranjera.
Esta fue la solución coreana para contar con mayores recursos de capital y avanzar más rápido en sus objetivos.
sin perder el control de una industria estratégica.
No obstante que la intensidad energética -energía utilizada por unidad de PIB- de la economía coreana es relativamente alta.
Debido a la gran proporción de industrias intensivas en energía en comparación con otros países.
A que cuenta con los recursos económicos para la inversión en tecnología energética.
Es imposible predecir un resultado tangible derivado de los cambios drásticos en su política en materia de electricidad, en un lapso tan limitado.
II. Una aproximación al caso mexicano
De conformidad con el Sistema de cuentas Nacionales que publica el INEGI , la inversión pública fue de 849 mil millones de pesos en 2009.
Desde entonces ha disminuido año con año, hasta llegar a 540 mil millones en 2018.
Cifra que representa el 64 por ciento de la inversión pública del 2009.
Por su parte, la inversión privada en esos mismos años pasó de 2 mil 171 a 3 mil 214 millones de pesos.
Un incremento del 48 por ciento.
Lo anterior evidencia que la inversión pública se redujo del 28 por ciento de la inversión total durante el año 2009 al 14 por ciento en 2018.
Lo que es una clara manifestación del deterioro, gradual pero sostenido, de la industria energética local.
De las finanzas públicas a lo largo de estos últimos 9 años y de que el nivel actual de inversión es insuficiente.
Para alcanzar las metas de crecimiento económico que requiere el país.
Ante ese escenario, cabe preguntarse si el rumbo que se está tomando actualmente en políticas públicas para el sector eléctrico.
Es viable y es el adecuado para las necesidades de demanda de electricidad de la población y del futuro del país en esta materia.
El caso de Corea nos muestra un ejemplo de decisiones gubernamentales que han transitado entre opuestos.
lo que ha sido posible gracias al grado de tecnificación y los recursos económicos con que cuenta este país asiático
En nuestro caso, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
Establece que corresponde al Estado realizar la planeación de inversión del gasto público a efecto de determinar las áreas prioritarias para ello.
La toma de decisiones al respecto es sin lugar a dudas estratégica y afectará a varias generaciones. El sector eléctrico, por ejemplo, es intensivo en uso de capital y la inversión requiere de largos plazos de maduración.
Aun en un escenario económico excepcionalmente complejo y con restricciones financieras como el que enfrentamos actualmente.
Como resultado de la pandemia, no existe razón para que el sector eléctrico se convierta en un freno para la economía del país.
Mas aún, dado que todo proceso de adaptación a un cambio en la estructura de capital estatal y privada es lento, costoso y doloroso.
Cabe hacermos ahora que enfrentamos un nuevo proceso de facto, las siguientes preguntas sobre su idoneidad y oportunidad dentro de la industria energética.
¿Es posible y deseable destinar mayores recursos públicos al sector eléctrico versus una menor inversión en sectores prioritarios como son salud, educación, infraestructura y agua?
El respaldo que el gobierno otorgue a sus empresas tiene un costo alternativo para el resto de la economía.
que por lo general resiente las demandas de inversión social.
¿Tiene el Estado actualmente la capacidad de endeudamiento suficiente para asumir estas obligaciones de manera directa o como aval de las empresas gubernamentales?
¿Cuándo se reanude el crecimiento económico del país, estaremos preparados para que la producción de energía crezca al mismo ritmo?
¿Cuenta el Estado con tecnologías suficientes para asegurar la sostenibilidad del suministro en el largo plazo, que sea realmente seguro, confiable, moderno, oportuno y suficiente?
También es bueno preguntarse ¿Se cuenta con la capacidad para generar los espacios laborales que dejaría vacantes la iniciativa privada?
¿A dónde vamos?
¿Se pueden alcanzar y mantener aun los acuerdos en materia ambiental a los que el país se ha comprometido y ha refrendado recientemente?
¿Se contará con un marco regulatorio adecuado e instituciones reguladoras independientes?
¿Garantiza realizar con éxito las políticas públicas acordadas?
¿En especial bajo los acuerdos internacionales?
¿Se han desarrollado mecanismos detonadores de desarrollo industrial regional en las zonas que actualmente cuentan con desarrollos exitosos de generación de energía?
En síntesis: ¿estamos en México realmente preparados para afrontar decisiones de la envergadura de las antes comentadas o nuestra casa se está quemando y no queremos afrontarlo?







