- El texto aborda la importancia de la participación activa de las mujeres en la economía nacional de México, destacando las barreras que enfrentan y los beneficios potenciales de superar estos obstáculos como son la subrepresentación de las mujeres en el mercado laboral y las desigualdades salariales.
Por: María Alejandra Abreu Ortega y Mildred Jocelyn Vélez Escamilla
La economía nacional nos demanda y nosotras demandamos los espacios. La libertad económica de ser libre para decidir, adquirir bienes y servicios para satisfacer las necesidades de la vida cotidiana es esencial para nuestra autonomía.
Profesionistas con amplia experiencia y talento pueden brindarnos estratégias valiosas para la protección y mejor manejo de nuestros recursos y capital, contribuyendo así al crecimiento económico actual de México.
Sin embargo, hoy les invitamos a realizar una reflexión sobre cuáles son las barreras que existen para que las mujeres en México participen de manera activa en la vida económica del país, para que puedan ejercer una autonomía económica y todos los beneficios que está conlleva y cuáles podrían ser los beneficios de atenderlas.
En México, un extenso sector de la población necesita realizar un trabajo remunerado, o bien, contar con un emprendimiento propio para obtener los recursos suficientes para adquirir bienes y servicios en general.
Dentro de ese sector, es posible imaginarnos que, independientemente del género, las personas necesitan estar dentro del campo laboral u ofrecer sus productos y servicios para contar con los recursos que les permita adquirir los bienes y servicios, así como aportar a la economía nacional.
Sin embargo, las personas que pretenden formar parte del campo laboral y/o el sector económico en México no se encuentran bajo las mismas condiciones, y una de las principales causas es por razón de género.
Conforme a datos obtenidos por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, la tasa de participación económica de las mujeres en México es muy baja. Por ejemplo, en el 2023 el 46.3 por ciento de las mujeres mayores de 15 años contaba con un trabajo o estaban en búsqueda de uno, y en el 2022, la brecha de ingresos en México fue del 14 por ciento, lo que significa que, en promedio, las mujeres ganaban un 86 por ciento en comparación de los que los hombres percibían económicamente.
Esta distinción se acentúa por el trabajo no remunerado que las mujeres realizan de manera diaria, lo que implica que las mujeres dedican el doble de tiempo que los hombres a tareas del hogar y, a su vez, cuatro veces más a las tareas del cuidado especialmente de menores de edad.
Es evidente que el potencial de las mujeres se encuentra invisibilizado debido a barreras que nos permitimos señalar como estructurales.
Durante décadas, muchas mujeres han anhelado ser reconocidas por sus habilidades, contar con los medios para elegir libremente el curso de sus vidas en función de sus talentos y capacidades, así como tener acceso a bienes, servicios y, ¿por qué no?, aspirar y alcanzar puestos directivos.
Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, sostiene que esto “debe cambiar, si, por una cuestión de justicia, pero también de economía básica.”
Desde una perspectiva económica, la participación activa de las mujeres es crucial para la economía nacional.
Datos proporcionados por el Instituto Mexicano para la Competitividad, entre otros, resaltan las enormes ventajas de integrar a las mujeres en la economía del país. Estos datos sugieren que agregar 8.2 millones de mujeres al mercado laboral en la próxima década podría resultar en un incremento del 15 por ciento en el Producto Interno Bruto (PIB) nacional para el año 2030.
Desde una óptica de justicia social, la inclusión de más mujeres en la economía representa un avance hacia una mayor autonomía económica para ellas.
Este cambio no solo contribuiría a reducir la violencia económica que históricamente han enfrentado, sino que también generaría beneficios económicos significativos tanto para sus familias como para el país en su conjunto.
Es decir, mayores ingresos y ahorro para los hogares, mayor talento para las empresas mexicanas. Estudios respaldan que tener mujeres en cargos directivos aporta beneficios económicos, como el aumento del 55 por ciento en el márgen de ganancia y del 47 por ciento en el retorno de capital, además de mejorar la reputación y facilitar la captación y retención de talento.
Para lograr esto, se requiere la participación activa de todos y todas, tanto de parte del sector privado como público.
Es crucial reflexionar acerca de la intersección de la justica y la economía, es decir, el emprendimiento, así como replantear y rediseñar las condiciones actuales para crear un entorno que permita a más mujeres acceder, escalar y permanecer en el mercado laboral, además de contribuir activamente en el sector económico de México.
Christine Lagarde ha mencionado que no hay atajos para lograr una economía dinámica, puesto que ésta debe construirse desde las bases, a partir de la capacidad de actuar de cada persona.
La economía nacional exige un aumento en la participación de las mujeres en el sector económico, y laboral, y está en nuestras manos exigir esos espacios para redireccionar la realidad social en la que vivimos.
Esto implica un esfuerzo significativo de los agentes del mercado y las instituciones públicas para realizar los cambios necesarios, tal como abordar la brecha salarial, implementar políticas internas en las empresas y políticas públicas para atender el trabajo no remunerado y garantizar la distribución equitativa de los cuidados.







