- ¿Tienen voz las infancias en la democracia mexicana? Más allá de las consultas simbólicas, el sistema electoral mantiene a niños y adolescentes como sujetos políticos indirectos, marginados por un modelo adultocentrista. Ante esta deuda histórica, el debate sobre el voto a los 16 años emerge como una alternativa para transformar su participación en una verdadera fuerza de cambio político.
¿Qué papel juegan las infancias y adolescencias en el sistema democrático del país? ¿En realidad se les toma en cuenta dentro del ámbito político-electoral?
Las niñas, niños y adolescentes, aunque no votan, son afectados por decisiones políticas electorales de forma directa o indirecta. Entonces: ¿cómo es que se les protege y toma en cuenta dentro de este ámbito?
Es cierto que, desde mil novecientos noventa y siete, se realizan consultas infantiles y/o juveniles organizadas por las autoridades electorales; pero ¿en realidad eso ha sido suficiente?
El marco normativo frente a la realidad
Los artículos 12 y 13 de la Convención sobre los Derechos del Niño señalan que niños, niñas y adolescentes tienen derecho a participar en los asuntos que les afecten, así como de expresarse por cualquier medio, siempre y cuando no se afecte a terceros. No obstante, surgen interrogantes críticas:
-¿En realidad el Estado mexicano ha logrado que infancias y adolescencias se expresen abierta y libremente sobre este tema?
-¿Qué tanto han influido las opiniones de este sector al momento de que actores políticos realizan propuestas de reformas y mejoras en este ámbito?
Es cierto que, en materia electoral, existen lineamientos vinculados hacia la niñez y adolescencia (tales como protección en propaganda, participación activa, consulta infantil y juvenil, justicia electoral accesible, etcétera), pero todas ellas están encaminadas a su papel como sujetos políticos indirectos.
¿De qué otra forma puede dársele una mayor participación a las infancias y adolescencias para que sus opiniones verdaderamente impacten a nivel político-electoral?
Propuestas y perspectivas de cambio
Diversos especialistas en la materia han propuesto bajar la edad en que las juventudes puedan votar: que sea a partir de los dieciséis años y no hasta los dieciocho. Esta propuesta ha resultado provechosa en otros países, por lo que consideran viable que se aplique en el país.
Esto tiene también la finalidad de:
1. Dotar de una participación más activa a los jóvenes.
2. Lograr que se involucren en los temas políticos de su entorno.
3. Permitir que sean ellos mismos quienes propongan cambios desde su perspectiva.
La deuda del Estado
El país sigue quedando a deber a este sector tan importante, no solo en el ámbito político y electoral, sino en otros más rubros de su esfera jurídica. Debates como este resulta relevante ponerlos sobre la mesa con el fin de explorar cómo niñas, niños y adolescentes —aunque no votan— son afectados por decisiones adultocentristas en todos los ámbitos que les conciernen.






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