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Educar en tiempos de Covid

Educar en tiempos de Covid

La educación no solo consiste en la transmisión de conocimientos, sino que es una tarea humana que involucra no solo técnicas didácticas, sino también sentimientos y emociones y que exige ahora con la pandemia un compromiso adicional tanto de los maestros como de los alumnos

Miriam Flores  | miriamfb88@gmail.com  | José Roble Flores  | jrflores@fldm.edu.mx  | Escala Legal | A1 V8

La pandemia llegó como el ladrón en la noche, sin avisar, sigilosamente se metió en nuestras vidas para cambiarla substancialmente en muchos sentidos.

La educación no ha sido ajena a esos cambios: de clases presenciales y tradicionales se tuvo que transitar a nuevas formas de comunicación. 

En algunos casos, los más privilegiados, se pudo pasar, de clases presenciales a un sistema virtual, que dio la oportunidad de continuar actividades académicas e incluso extracurriculares.

De esta forma se ha hecho patente la esencia de todo proceso educativo: estudiantes con deseos de aprender y un cuerpo docente dispuesto a enseñar. 

Las formas son lo de menos: puede ser en un modesto salón de clases, en un aula cómoda y bien acondicionada, o a través de medios tecnológicos siempre y cuando coincida ese binomio básico:

  • Estudiante
  • Docente.

Sin embargo, el proceso no ha sido fácil, ha requerido del compromiso y la responsabilidad de docentes y de estudiantes.

Pero en ocasiones el compromiso y responsabilidad no son suficientes, pues la educación no solo consiste en la transmisión de conocimientos.

Es una tarea humana que involucra no solo técnicas didácticas, sino también sentimientos y emociones.

La educación presencial permite una comunicación integral, pues nos permite comunicamos con la palabra, con expresiones no verbales. Nos permite vernos a los ojos y poder descubrir sentimientos, que las cámaras apagadas o aun prendidas, esconden.

La educación presencial permite una comunicación integral, pues nos permite comunicamos con la palabra; con expresiones no verbales. Nos permite vernos a los ojos y poder descubrir sentimientos, que las cámaras apagadas o aun prendidas, esconden.

De esta forma la pandemia está privando al proceso educativo de uno de sus componentes esenciales: la transmisión de sentimientos.

En un reciente estudio realizado en la UNAM ya en tiempos de pandemia, 1 de cada 3 estudiantes manifestaron tener problemas en su proceso educativo relacionados con aspectos emocionales, afectivos y de salud como son:

  • Sentimientos de tristeza
  • Frustración
  • Ansiedad
  • Cansancio
  • Falta de motivación
  • Aburrimiento, entre otras.

En menor proporción, pero esa misma problemática la expresaron los docentes. Urge trabajar con maestros y estudiantes este aspecto de la educación. 

Un grupo de investigadores de la Universidad Abierta de Cataluña, el cual se especializa en las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) aplicadas a la educación, realiza una serie de recomendaciones para aplicar a la docencia en línea cuando esta se presenta de manera inesperada. 

Entre ellas se resalta la importancia de generar una presencia social, ya que los alumnos corren el riesgo de sentirse solos

Esto podría generar que no se satisfaga una de las principales necesidades que tenemos como seres humanos: la de pertenecer. Sin la cual, si hacemos referencia a la pirámide de Maslow3, difícilmente se podrán satisfacer las de autoestima y autorrealización. 

Por lo que el docente actual tiene como parte de sus responsabilidades, generar ambientes de aprendizaje digitales.

Que faciliten la interacción, debates, foros e intercambios de ideas por medio de las numerosas plataformas disponibles para su ejecución. 

Sin estas herramientas se limita el proceso de enseñanza-aprendizaje, retrocediendo a un modelo de comunicación unilateral, donde el aula era para transmitir contenido, y no para generar conocimiento ni para el desarrollo de un espíritu crítico. 

El docente actual tiene como parte de sus responsabilidades, generar ambientes de aprendizaje digitales que faciliten la interacción, debates, foros e intercambios de ideas por medio de las numerosas plataformas disponibles para su ejecución.

Este último siendo fundamental en la realidad actual del estudiante que se encuentra en medio de olas de información en Internet, el cual filósofos y académicos han denominado la nueva Ágora, haciendo alusión a los espacios de la antigua Grecia donde se escuchaban y expresaban ideas. 

Será el criterio del estudiante el que lo haga discernir entre aquello que es fidedigno y lo que no lo es. 

Lo anterior obliga a ambas partes, docente y estudiante, a trabajar en conjunto para lograr la educación de calidad en este marco de Enseñanza Remota de Emergencia, en el que hay que cuidar no solo la transmisión de conocimientos, sino el bienestar integral de todos sus miembros.

Sobre los autores: 

Miriam Flores es Doctora en Administración, Estudiante de Maestría en Educación y José Roble Flores es Profesor y director de la Facultad Libre de Derecho de Monterrey.

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