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Cambio Climático y Covid-19: las dos amenazas de la humanidad

Cambio Climático y Covid-19:  las dos amenazas de la humanidad

La crisis por el Covid-19 ha sido aprovechada por diferentes países en el mundo para revertir legislaciones climáticas en lugar de apostar por una recuperación verde a favor de energías renovables.

¿Cómo llegamos a los 5 años del Acuerdo de París? 

Juan Mayorga | jpmayorga.g@gmail.com | Escala Legal | A1V8

En abril pasado, la Convención Marco de Naciones Unidas contra el Cambio Climático anunció que la COP26, a realizarse en noviembre en Glasgow, Escocia.

Sería pospuesta indefinidamente hasta una fecha acordada por Reino Unido e Italia (organizadores de la conferencia) en acuerdo con los países miembro. 

Según la agencia de la ONU, esto permitiría a las naciones dar prioridad a la lucha global contra la pandemia de Covid19 y después concentrarse en los aspectos más relevantes de “esta conferencia esencial”.

Si la COP26 sería fundamental por la actualización de las contribuciones nacionales de cada país, que debían optimizarse en este quinquenio para acercarse a la meta del Acuerdo de París.

La crisis por la Covid19 ha hecho de la cumbre una aún más decisiva en vista de la carrera global por reactivar la economía tras los meses de paro por la contingencia sanitaria.

“La Covid19 es la amenaza más urgente a la que se enfrenta la humanidad hoy en día, pero no podemos olvidar que el Cambio Climático es la mayor amenaza a la que se enfrenta la humanidad a largo plazo”.  Patricia Espinosa, secretaria de la CMNUCC.

Pese a las mediáticas narrativas del “rescate verde”, enarboladas por gobiernos progresistas europeos (destacadamente por la canciller alemana Angela Merkel) y sectores demócratas en Estados Unidos (la representante Alexandria Ocasio-Cortez).

Una revisión de las políticas de reactivación económica entre cinco de las principales economías del mundo reveló en septiembre que el discurso no se está convirtiendo en política pública.

Pues la mayoría de las decisiones gubernamentales no están orientadas hacia la mitigación climática.

La evaluación hecha por la organización Climate Action Tracker, que incluyó a Estados Unidos, China, la Unión Europea, India y Corea del Sur, reveló que después de una revisión de 106 medidas nacionales adoptadas en estos países, concluyó  que sólo la Unión Europea y Corea del Sur han tomado medidas reales para materializar la recuperación verde, por ejemplo, con inversiones claras en energías renovables.

“Desafortunadamente, lo que estamos viendo más son gobiernos usando la recuperación tras la pandemia para revertir legislaciones climáticas y para emprender rescates de la industria de los combustibles fósiles

Niklas Höhne, fundador del Instituto New Climate.

En México, científicos, activistas y personalidades de distintos sectores han respaldado la exigencia al gobierno mexicano de aprovechar la crisis económica derivada de la Covid19 para impulsar políticas e inversiones sólidas rumbo a la transición energética, la acción climática y el desarrollo sustentable.

“La actual pandemia pone a la humanidad en una encrucijada. La normalidad basada en el modelo económico neoliberal es el problema y seguir por el camino del extractivismo y el anclaje a modelos de devastación ambiental, no es una opción. Greenpeace demanda al Presidente de la República rectificar su plan de recuperación hacia un México ecológico y justo que además de hacer frente a los efectos de la pandemia ayude a transformar nuestra economía y sociedad, hacernos más resilientes e impulsar cambios compatibles con la reducción de emisiones para combatir el cambio climático, una crisis paralela al Covid-19 que no debe soslayarse”,

instó la organización ambientalista en junio pasado a través de su directora de campañas, Aleida Lara. 

“Mantener la integridad de los ecosistemas está totalmente ligada con la salud humana. Es impostergable rectificar el rumbo, y promover la resiliencia de nuestra sociedad a través de políticas de acción climática”.

Acuerdo de París: a 5 años

En su primer quinquenio de vida, el Acuerdo de París se ha posicionado ya como una fuente de obligación en casos legales alrededor del mundo. 

Un ejemplo icónico de esto fue el fallo de una corte de Londres en febrero pasado, que prohibió la construcción de una tercera pista en el aeropuerto de Heathrow bajo el argumento de que la obra no era consistente con los compromisos del gobierno británico presentados en París. 

En las Américas, precedentes similares han ocurrido en jurisprudencia de la Organización de Estados Americanos, la decisión de la justicia colombiana sobre la Amazonía y el amparo concedido en México contra el relajamiento de las normas de etanol en las gasolinas.

En lo tocante a las negociaciones, las cumbres climáticas bajo el auspicio de la CMNUCC (llamadas conferencias de las partes o COP por sus siglas en inglés) han sido cada año desde 2015 una lucha contra reloj por escribir las regulaciones secundarias del Acuerdo de París:

Desde el Libro de Reglas, hasta los actuales intentos por reglamentar un mercado global de carbono, pasando por el financiamiento del Fondo Verde del Clima, los mecanismos para pagar las pérdidas y los daños, la regulación de las industrias aeronáutica y marítima de carga, entre una larga lista de asuntos.

Sin embargo, la lentitud de las negociaciones hacen crecer la frustración entre amplios sectores de la población mundial que desean ver acciones más directas. 

Esto se manifestó en el surgimiento del movimiento Fridays For Future, liderado por la adolescente sueca Greta Thunberg, quien a partir de 2018 comenzó a faltar a clases los viernes para protestar frente al parlamento de su país por su falta de acción contra el Cambio Climático. 

La protesta y los poderosos discursos de la joven activista tocaron el corazón de su generación, que se ha volcado a las calles de casi todo el mundo desde entonces.

Otra tendencia clave para el Acuerdo de París ha sido el agotamiento del modelo de globalización, que ha desencadenado un regreso de nacionalismos que apuestan por decisiones unilaterales y por los combustibles fósiles para solucionar los problemas pendientes. 

Esto abarca desde Donald Trump (EUA) hasta Vladimir Putin (Rusia), pasando por Jair Bolsonaro (Brasil) y Andrés Manuel López Obrador (México). 

En Brasil, por ejemplo, esta tendencia ha significado luz verde para invadir tierras en el Amazonas, causando una serie histórica de incendios que amenazan la estabilidad del pulmón del planeta.

Estados Unidos merece una mención aparte, pues se trata de la primera economía y el segundo mayor emisor (después de China) de gases de efecto invernadero a la atmósfera.

Además, el Acuerdo de París no hubiera sido posible sin el esfuerzo del gobierno y personal de Barack Obama, quien se empeñó en hacer de este pacto el legado de su administración. 

Desde 2016, sin embargo, la política climática estadounidense ha dado un giro de 180 grados y lo ha hecho para mal. 

Desde su campaña, Donald Trump se refirió al cambio climático como “una estafa de los chinos” para afectar la competitividad de las empresas estadounidenses. 

En junio de 2017, ya como presidente, Trump anunció su intención de retirar a Estados Unidos del acuerdo, bajo el argumento de que era un instrumento injusto para los negocios, trabajadores y contribuyentes estadounidenses por sus “cargas financieras y económica draconianas” para Estados Unidos.

Debido a las reglas del Acuerdo de París, ningún país puede notificar su salida dentro de los tres primeros años desde su ingreso. 

La salida de Estados Unidos del Acuerdo de París se confirmó el pasado 4 de noviembre, un día después de las elecciones presidenciales donde resultó ganador Joe Biden, quien ya anunció que su administración solicitará su reingreso al Acuerdo de París.

Por ello, la administración estadounidense tuvo que esperar hasta el 4 de noviembre de 2019 para presentar oficialmente la notificación, que tardará un año en hacerse efectiva. 

La salida de Estados Unidos del Acuerdo de París se confirmó el pasado 4 de noviembre, un día después de las elecciones presidenciales donde resultó ganador Joe Biden, quien ya anunció que su administración solicitará su reingreso al Acuerdo de París.

En América Latina, la respuesta al cambio climático desde el Acuerdo de París ha sido variada, contradictoria y a veces esquizofrénica.

Si bien se cuentan proezas como las de Costa Rica y Uruguay, que han alcanzado intermitentemente un 100 por ciento de abastecimiento con energías limpias, el escenario generalizado en la región es el de una falta de respuestas definidas y una marginación del tema ante los conflictos políticos y la obsesión por el crecimiento económico. 

Esto a pesar del creciente impacto del cambio climático, perceptible en los incendios monumentales en Los Chimalapas, el Gran Chaco y la Amazonía, el aumento de huracanes y tormentas tropicales en el Caribe o el rápido derretimiento de los glaciares en Los Andes.

Una clave en el panorama climático de América Latina es el rezago de Brasil y México en el área energética, pues las dos principales economías latinoamericanas además de tener un peso específico en la geopolítica de la región, tradicionalmente habían sido campeones de los países en desarrollo dentro de las negociaciones climáticas.

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