La Directora de Conservación del Parque Ecológico Chipinque aborda en esta colaboración las iniciativas que se impulsan a nivel internacional para incentivar la conservación de la biodiversidad como son la creación de áreas naturales protegidas y el pago por servicios ambientales
Adriana Nelly Correa Sandoval
Hace ya cerca de 20 años, durante una sesión de consulta pública del programa de manejo del Parque Nacional Cumbres de Monterrey, alguien le dijo a los organizadores:
“Está muy bien que quieran conservar la naturaleza y todo eso, pero váyanse allá lejos y déjennos desarrollar estos terrenos.
¿Para qué quieren conservar esto que está aquí justo junto a la ciudad?”.
La pregunta era muy válida…y la respuesta también.
La razón por la cual se decretó desde 1939 la protección de estas montañas, incluido el Parque Ecológico Chipinque.
Es justamente porque su conservación permite a los habitantes de la zona disponer de agua fresca y limpia y estar a salvo de inundaciones, de manera que podemos disfrutar del agua como recurso y no sufrirla como desastre.
Tan solo en Chipinque la filtración se estima en 644,760,000 litros/anuales que llegan hacia el subsuelo y mejoran el balance hídrico.
En México, a pesar de que un área se decrete como “protegida” por los beneficios que su conservación represente para la sociedad, la propiedad de la tierra se mantiene, limitándose los usos permitidos.
Pasado el tiempo se crearía el Fondo de Agua Metropolitano de Monterrey, precisamente con la intención de recuperar esa capacidad de los ecosistemas.
Que se ha ido perdiendo por diversas causas, entre ellas el avance de desarrollos habitacionales, la apertura indiscriminada de caminos, la extracción de recursos y el turismo no controlado.
En México, a pesar de que un área se decrete como “protegida” por los beneficios que su conservación represente para la sociedad, la propiedad de la tierra se mantiene, limitándose los usos permitidos.
Sin embargo, como sociedad aun nos falta madurar y desarrollar mecanismos de reciprocidad con los propietarios de las áreas de cuyos ecosistemas depende nuestro bienestar.
Es indispensable que reconozcamos los valores de la naturaleza y que estemos dispuestos a reconocer la conservación como un uso de la tierra.
La naturaleza tiene valores que son imposibles de medir con precios de mercado.
La conservación de la salud de los ecosistemas genera beneficios evidentes y otros no tanto, como nuestra propia salud.
En contraparte, existe un costo real asociado a su degradación y un costo en salud, en seguridad, en bienestar y un costo económico también. Todos ellos, son costos que se pagarán tarde o temprano.
La naturaleza tiene valores que son imposibles de medir con precios de mercado. La conservación de la salud de los ecosistemas genera beneficios evidentes y otros no tanto, como nuestra propia salud.
A pesar de que la legislación contempla cuotas de acceso a áreas naturales protegidas, a muchos les (¿nos?) puede parecer injustificado o “caro”.
Sin embargo, en realidad los precios no suelen cubrir el costo de la conservación y menos aún reconocer su valor.
Continuar con la tendencia de despreciar el valor de la conservación, es insostenible.
Afortunadamente existen importantes e innovadoras iniciativas ciudadanas, como los ya mencionados Fondos de Agua, que buscan asegurar la protección de las cuencas de captación.
Algunas iniciativas de conservación incluyen la creación y fortalecimiento de los sistemas de ANPs públicas, la implementación de esquemas de pago por servicios ambientales.
El apoyo financiero y técnico de sistemas agrícolas y pecuarios más amigables con el medio ambiente, así como mejoras en la productividad y proyectos comunitarios.
Si buscamos un bienestar que sea durable, la conservación debe extenderse más allá de los límites de las áreas naturales protegidas.
En este sentido, el concepto de Infraestructura Verde que comenzó a implementarse en Europa hace más de una década y que se ha promovido en otros países.
Incluso el nuestro aunque no con la fuerza necesaria, puede ayudarnos a unir zonas naturales y urbanas, construyendo un sistema que mantenga una extensa gama de servicios ecosistémicos.
Lamentablemente continuamos revistiendo arroyos y ríos, destruyendo vegetación riparia, malentendiendo el concepto de corredores biológicos.
A nivel mundial, existen ejemplos notables de intentos por incentivar la conservación de la biodiversidad.
En la 5 reunión de la Conferencia de la Partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica, en Kenya (CBD, 2005), se adoptó la perspectiva de ecosistema (The Ecosystem Approach).
Se trata de una estrategia para el manejo integrado de la tierra, el agua y los recursos vivos, que promueve la conservación y el uso sostenible de manera equitativa.
Con este enfoque ecosistémico, se intenta evitar los incentivos perversos, que alientan la degradación de la biodiversidad.
Y resultan en el derroche del dinero público en acciones que están en conflicto con los objetivos de desarrollo sostenible.
Pretender transitar hacia la sostenibilidad, implica cooperación y visión de sistema.
Un caso particularmente exitoso es el Fondo de Agua por la Vida y la Sostenibilidad, del Valle del Cauca, en Colombia.
Donde se protegen las microcuencas que drenan al Río Amaime, mediante el trabajo colaborativo de los dueños de las tierras altas y los usuarios del agua cuenca abajo.
Con el financiamiento de asociaciones de productores de caña.
De esta manera, se ha avanzado en la armonización entre la calidad de vida, la calidad ambiental y el desarrollo económico y social.
Otro ejemplo exitoso y clásico, es el de Nueva York, Estados Unidos.
Donde la calidad del agua que recibía la ciudad había disminuido hasta llegar por debajo de los estándares permitidos por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA).
Las autoridades de la ciudad encontraron que se requería una inversión inicial de entre seis y 8 mil millones de dólares en plantas de tratamiento.
Más aproximadamente 300 millones de dólares anuales en costos de operación.
Un análisis más profundo hizo evidente que una inversión única de mil millones de dólares en la restauración de la cuenca de Catskills.
Devolvería a ésta su capacidad de brindar los servicios ecológicos de purificación que se buscaba lograr con las plantas de tratamiento.
«Es solo entendiéndonos como parte de la naturaleza, y entendiendo los vínculos entre el funcionamiento de los ecosistemas y nuestra propia calidad de vida que lograremos incorporar la conservación como una prioridad en los procesos de toma de decisiones y aspirar a lograr la sustentabilidad del desarrollo. »
Adriana Nelly Correa Sandoval (Directora de Conservación del Parque Ecológico Chipinque A.B.P)
Gracias a un esfuerzo colaborativo en el cual participaron organizaciones de la sociedad civil, autoridades de diferentes niveles.
Así como los propietarios de las tierras privadas, se reunieron los fondos necesarios para la compra de tierras, implementación de servidumbres ecológicas, apoyo a sistemas de purificación y compensación a otros propietarios por la restricción de otros usos.
Todos los actores colaboran en la conservación de los ríos, las represas y los arroyos de las cuencas que abastecen a la ciudad y a sus ríos urbanos, contribuyendo a la salud y bienestar de las comunidades humanas y naturales.
Este caso ilustra cómo los ciudadanos organizados pudieron proteger su abasto de agua al conservar su cuenca, ahorrando miles de millones de dólares en el proceso.
De manera en extremo importante, al hacerlo protegieron también la biodiversidad, los procesos ecológicos y con ello otros servicios ecosistémicos como el control de inundaciones.
El balance de gases en la atmósfera y la belleza escénica, lo cual genera beneficios adicionales, tanto económicos como sociales y ambientales, de manera integral.





