- Un análisis sobre la llegada de ThemisIA al Poder Judicial de Nuevo León: el equilibrio entre la urgencia de agilizar el sistema de justicia y la necesidad de auditar algoritmos de alto riesgo para proteger el debido proceso y la confidencialidad de los datos.
A casi un año de que se dictara la primera resolución con ayuda de la inteligencia artificial en México, el Poder Judicial de Nuevo León dio un paso de enorme relevancia al presentar ThemisIA.
Se trata de un ecosistema tecnológico diseñado para agilizar la labor jurisdiccional y administrativa mediante cinco herramientas de inteligencia artificial bautizadas con nombres que no dejan lugar a duda de sus funciones.
Oficial-IA: Estructura y vectoriza demandas mediante tecnología OCR.
Actuar-IA: Transcribe en tiempo real las diligencias en campo y procesa las actas de los actuarios.
Auxil-IA: Elabora borradores de autos y sentencias.
Audienc-IA: Automatiza la agenda de audiencias, transcripciones y actas simultáneas.
D-IAloga: Funciona como un buscador conversacional para consultar expedientes autorizados en el Tribunal Virtual.
La iniciativa resulta plausible y responde al viejo anhelo de agilizar expedientes y procesos en un sistema judicial crónicamente saturado.
Incluso el Poder Judicial Federal buscó en su momento desarrollar herramientas de inteligencia artificial para automatizar resoluciones en asuntos simples o «de formato» —como la tardanza irrazonable en la resolución de trámites—, un esfuerzo que tristemente no prosperó debido a la falta de presupuesto.
No obstante, el entusiasmo por la innovación no debe perder de vista que los algoritmos judiciales están clasificados como sistemas de alto riesgo de acuerdo con el AI Act de la Unión Europea, por su impacto directo en el estado de derecho y los derechos humanos.
Celebrar la valentía de nuestro tribunal al cocrear e implementar esta tecnología exige, al mismo tiempo, pasar un indispensable checklist ético: ¿se garantiza el control humano efectivo (Human-in-the-Loop)? ¿Cómo se auditarán estos algoritmos? ¿Cómo se garantizará la inexistencia de sesgos históricos y de vulneraciones a datos personales, o cómo se rendirán cuentas ante fallas del sistema?
Aunque el control humano se mantiene en el discurso oficial, las respuestas sobre privacidad, ciberseguridad y debido proceso siguen en el aire.
Aventurarse en la automatización trae beneficios innegables, pero también vulnerabilidades inéditas. Casos internacionales como el colapso de sistemas por la saturación masiva de promociones o la manipulación de expedientes mediante texto invisible —casos de Chile y Brasil, respectivamente— demuestran que la tecnología puede ser puesta en jaque. ¿Cómo respondería el poder judicial si un usuario genera miles de escritos automatizados que afecten los sistemas sin quebrantar formalmente la ley?
Todos nos encontramos en una curva de aprendizaje frente a la inteligencia artificial, pero en la impartición de justicia el margen de error debería ser mínimo.
El avance de ThemisIA es digno de reconocimiento, pero al mismo tiempo representa una gran responsabilidad y compromiso por parte del Poder Judicial de Nuevo León, por lo que resulta indispensable hacernos estas preguntas.
Finalmente, aprovecho este espacio para hacer un llamado a todos aquellos que nos dedicamos al ámbito del derecho, abogados y estudiantes: no permitamos que nuestro criterio se oxide mientras el algoritmo realiza el trabajo más pesado. La tecnología podrá acelerar los trámites, pero el dominio de las bases del derecho, la ética, el rigor y la prudencia judicial deben permanecer humanos.







