- Este artículo examina cómo los abogados contractualistas deben usar la tecnología como un complemento para elevar sus expectativas, sin abdicar del deber ético y profesional que exige el ejercicio del derecho en México.
Es una realidad innegable que la inteligencia artificial permea cada día con mayor profundidad en las diferentes profesiones, y definitivamente la abogacía no se puede quedar atrás. Es de saberse que su uso se ha esparcido, pero también de reconocerse que no a tal grado para reemplazar al profesional del derecho.
Se siguen escuchando posturas encontradas en cuanto a su uso y desuso; no obstante, nos parece que sobresalen las posturas a favor con sus salvedades. De ahí quisiéramos partir para aportar sobre el uso de la inteligencia artificial para quienes se dedican al derecho contractual.
Los contratos, por más idénticos que puedan parecer, siempre tienen algo que los doten de distintividad, por lo que la aportación del humano para su elaboración nos parece imprescindible. La inteligencia artificial es una herramienta más que no nos lleva a hacer nuestro trabajo más fácil, pero que, sabiendo de cuál apoyarse y cómo apoyarse, sí nos puede llevar a mitigar los errores humanos.
Las cláusulas de los contratos se trabajan con la precisión de un cirujano y se adaptan a las posibilidades que se pueden suscitar en la negociación; siempre nos estamos cuestionando ¿y si…? Por ello, se nos hace imposible pensar que un cliente firme un contrato generado por la inteligencia artificial. La inteligencia no entiende el motivo determinante de la voluntad de las partes ni propone desde la perspectiva de un conocedor de negocios, pero sí puede revisar la ortografía, cuidar la sintaxis y simplificar los textos que a veces suelen ser exagerados.
Aun con sus bondades, por más avanzada que sea, la inteligencia artificial viene con sesgos; que podremos pensar que las y los abogados también, al momento de redactar no es así. Nos han enseñado desde el día uno de la carrera de derecho el concepto de reciprocidad y en la clase de contratos se intenta transmitir la importancia de encontrar a las partes en condiciones igualitarias en aras de poder alcanzar la firma del contrato, que al final es lo que se busca: que se firme.
Partir de usar libremente y sin salvedades la inteligencia artificial para generar un contrato nos coloca en una interrogante en temas de responsabilidad; incluso generar un borrador de contrato nos lleva a ese punto. Hablamos de la responsabilidad profesional y ética. Al ser prestadores de servicios profesionales estamos atados a emplear nuestro propio criterio para realizar nuestro trabajo, lo que no está peleado con usar herramientas para, como mencionamos al inicio, mitigar errores humanos.
De ahí que es de considerarse que ahora debemos tener menor posibilidad de caer en el error; de hecho, estamos sentenciados a que los contratos que generemos sean sin errores de lo que nosotros llamamos forma, a que se prevea la mayor cantidad de escenarios posibles y a plantear soluciones novedosas para cada uno de esos escenarios. La inteligencia artificial vino a elevar las expectativas en la elaboración de los contratos.
Un punto del cual no podemos ser omisos es que la legislación mexicana no se actualizó a la llegada de la inteligencia artificial, y es importante señalar que el secreto profesional persiste en todos los ámbitos del derecho. La responsabilidad del profesionista es evidente cuando se delega información a la inteligencia artificial.







