Millones de mujeres migran de sus lugares de origen para buscar nuevas oportunidades, lo que obliga a los gobiernos a brindarles protección y garantizarles una vida libre de violencia.
- Actualmente las mujeres migran en busca de una oportunidad laboral o con la idea de realizar estudios y crecer profesionalmente
- Las mujeres sufren violaciones a sus derechos humanos, más aún al encontrarse en calidad de migrantes
La migración y el desarrollo sustentable son dos conceptos que van de la mano.
La migración juega un papel importante para la trascendencia de la humanidad. Por otra parte, la Cumbre de Río de Janeiro de 1992, acuñó por primera vez el término de sustentabilidad y puntualizó en su Declaración de Principios el concepto de Desarrollo Sustentable.
Esto ocurre porque las relaciones humanas ponen en práctica la constante búsqueda del bien común. Las personas buscan el bienestar tanto para ellas como para los suyos.
No obstante, a lo largo de la historia, han existido luchas de poder entre los seres humanos. Y es aquí donde nos detendremos a analizar por qué las mujeres se han visto en la necesidad de alzar la voz y buscar salir de esa opresión y dominación.
¿Qué papel juega la migración en este punto? Las mujeres buscan nuevas y mejores oportunidades de desarrollo.
Lo lamentable es que en la mayoría de los casos es más fácil lograrlo fuera de su lugar de origen, lejos de las costumbres que tienen arraigadas para encontrar reconocimiento y oportunidades de inserción, crecimiento y desarrollo personal y profesional.
La migración de mujeres en la esfera internacional ha sido una constante en los últimos 60 años, donde el porcentaje de migración no ha variado considerablemente en los últimos 20 años. Esto en gran medida, derivado de la falta de oportunidades, pero también escapando al machismo, a la desigualdad y en muchas ocasiones a la violación de sus derechos humanos.
En la actualidad el concepto de familia ha cambiado de visión y con ello las necesidades de las mujeres se están priorizando. Esto como resultado en gran medida de esa desigualdad de género que predominó por mucho tiempo en las diversas sociedades y que terminó por hacer que las mujeres alzaran la voz para exigir el reconocimiento de sus derechos y de sus capacidades, en aras de contribuir al desarrollo sustentable.
Actualmente las mujeres migran en búsqueda de una oportunidad laboral para poder contribuir con la carga familiar o con la idea de realizar estudios y crecer profesionalmente, buscando integrarse a una nueva comunidad que ofrezca mejores oportunidades de desarrollo profesional y personal.
Anteriormente las mujeres migraban en familia, es decir, acompañaban a sus parejas y por lo general se quedaban a cargo de las labores del hogar y del cuidado de los hijos, sin pretender sumarse al ámbito laboral.
Estadísticas detrás de la migración femenina
Los paradigmas sociales, los adelantos de la ciencia y la tecnología, las innovaciones y las diversas fuentes de comunicaciones en la actualidad, aunado al desarrollo de las llamadas nuevas tecnologías, han contribuido a que las mujeres tengan una visión propia de su valor. Es por ello que de más en más se han ido integrando a la vida laboral, lo cual ha llevado a alcanzar una independencia del sexo opuesto, así como figurar en puestos de toma de decisiones y hasta de dirección.
Muchas veces esa independencia no pueden lograrla en su ciudad o país de origen y es entonces que escapan a esa realidad social en busca de nuevas oportunidades laborales, es por ello que las estadísticas muestran cómo en los últimos 20 años son más mujeres migrantes en relación al porcentaje de mujeres no migrantes.
La historia nos muestra cómo el auge de migración femenina logró que para el año 2013 se incrementara en la esfera internacional la participación de las mujeres en el campo laboral y la cifra rebasó por mucho a la de las mujeres trabajadoras no migrantes, llegando a registrarse una cifra de 66.6 millones de mujeres migrantes trabajadoras.
Esta cifra bajó para 2017 a 41.6 por ciento de mujeres migrantes trabajadoras, pero continuó estando aún por encima de las mujeres trabajadoras no migrantes. El mismo patrón se presentó a lo largo de casi todos los países, exceptuando los de bajos ingresos.
Si bien tenemos que en el ámbito internacional en 2015 se hablaba de aproximadamente 274 millones de migrantes, de estos casi la mitad se trataba de mujeres. El mismo año en México se reportó una migración de 5.8 millones de personas, de las cuales 22.8 por ciento correspondía a mujeres originarias de Centro América y repatriadas por las autoridades mexicanas.
En Oceanía se llegó a un porcentaje de 50.5 por ciento de mujeres migrantes para mediados del año de 2020 y en América Latina y el Caribe se alcanzó un 49.5 por ciento en la migración de mujeres internacionales, donde 2.5 por ciento de ellas se insertaron en el ámbito laboral.
Entre 2000 y 2020 en Asia la migración femenina aumentó, llegando a 57 por ciento, pero para mediados del 2020 bajó tanto en Asia como en África, mediando en un 41.8 por ciento y 47.1 por ciento, respectivamente. En el caso de América Latina y Europa, la cifra de mujeres alcanzó para 2021 más de 51 por ciento de la población migrante.
Estas cifras nos llevan a reflexionar sobre la creciente necesidad de las mujeres de ir en busca de mejores oportunidades laborales y de desarrollo profesional y familiar. Las estadísticas revelan que si bien la migración femenina se ha mantenido de una manera constante en estas últimas décadas, se observa cómo repentinamente las mujeres comienzan a insertarse de más en más en la vida laboral del país al que llegan y con aras de buscar una mejor calidad de vida.
Al integrarse en el campo laboral, las mujeres juegan un papel trascendental en la vida pública y contribuyen a mejorar las condiciones económicas no sólo suyas sino de su familia y sociedad. Además esta inserción les permite interactuar en el medio ambiente en el que se desarrollan, le facilita entablar mejores relaciones humanas y, a su vez, potenciar el ámbito donde se encuentran, logrando mejorar su calidad de vida y la de los suyos.
De haber permanecido en su lugar de origen no hubieran tenido independencia económica. Sin embargo, hay que mencionar que muchas de estas mujeres migrantes atraviesan diversas situaciones que las ponen en riesgo como violencia de género, violencia física, violencia psicológica, violencia económica, abusos sexuales, discriminación, trata de personas, secuestro, extorsión, explotación y sometimiento a actividades ilícitas.
Si bien algunos de estos delitos no excluyen del riesgo al sexo masculino, las mujeres son mucho más vulnerables, más si se encuentran solas o a cargo de sus hijos y más si estos son menores de edad. Desde la perspectiva del desarrollo sustentable, los estados deben enfocarse en la protección de sus derechos.
Es necesario que los gobiernos impulsen las políticas migratorias necesarias para protegerlas y garantizarles una vida libre de violencia, así como brindarles apoyo para el cuidado y protección de sus hijos, para que ellas puedan continuar preparándose o puedan trabajar. Para ello, hay que concentrarse en los Objetivos de Desarrollo Sostenible que fueron adoptados al seno de las Naciones Unidas en 2015 y que conforman el plan maestro de la Agenda 2030.







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