El autor, quien se desempeña como Juez Federal, opina que es atinado que la reforma judicial busque erradicar el nepotismo en el Poder Judicial de la Federación,
Sin embargo advierte que el verdadero problema que enfrenta la administración de justicia es el deficiente desempeño de los integrantes de este órgano
Lic. Ramón Lozano Bernal | rmlozanob@gmail.com | Escala Legal
Con probable mezcla de osadía e ingenuidad, un joven que a principios de 2001 estaba a poco de graduarse de la facultad de derecho, acude a un juzgado federal y pide hablar con el juez.
Ya ante él, le pide oportunidad para ingresar como meritorio. De forma amable y respetuosa, el juzgador le explica que en ese órgano no se admiten meritorios.
Un par de años después ese joven, siendo ya oficial judicial en diverso juzgado, se da cuenta que a aquel juez le faltó decir: “No se admiten meritorios que no sean hijos de…sobrinos de…conocidos de…”.
Mejorar el servicio de administración de justicia en el país me parece inaplazable. Afirmar que se vive en democracia sin instituciones públicas sólidas, es estéril.
Debe existir auténtica división de poderes, guardando sano respeto y un necesario equilibrio.
La sociedad merece juzgadores comprometidos, profesionales y serios en su quehacer diario. Además, cercanos a las distintas realidades sociales.
El juzgador no trabaja solo, ni la fuerza laboral se limita a una computadora y una impresora que los acompaña.
No, hay detrás todo un equipo en el cual se distribuyen una serie de actividades que hacen posible el funcionamiento completo de la maquinaria.
Esa trinchera, conocida por unos, más o menos conocida por otros y totalmente desconocida para gran parte de los ciudadanos, es sumamente compleja.
Para bien, aunque en parte, se reconoce esa complejidad en la denominada “Reforma para y con el Poder Judicial”, que consigna entre otros, tres ejes:
- Consolidación de la carrera judicial.
- Limitación en la facultad de nombramientos que otorgan jueces y magistrados.
- Reforzamiento de las facultades de combate a la corrupción y al nepotismo.
En muy pocas palabras, con la reforma se busca que los órganos jurisdiccionales sean integrados por personas con las aptitudes y actitudes ideales para la prestación de un servicio público tan importante que, si decae, tambalea el estado de derecho indispensable en una democracia.
Con la reforma se busca que los órganos jurisdiccionales sean integrados por personas con las aptitudes y actitudes ideales para la prestación de un servicio público tan importante que, si decae, tambalea el estado de derecho indispensable en una democracia.
Por ello me parece atinado que la reforma haya considerado tales ejes, pero creo surgen interrogantes:
¿Alcanzarán las reformas para llegar al punto pretendido? Si la respuesta es afirmativa
¿Cuándo se llegará a esa meta, en 5, 15 ó 20 años?
Estimo que existen aspectos estructurales que no permiten un avance necesario, éstos ni siquiera son mencionados en la reforma, es decir, quedarán como están.
Con las normas propuestas de carrera judicial y las de responsabilidades, se intenta que sean los méritos los que coloquen a las personas dentro de la judicatura federal, vedando así la posibilidad de que el ingreso sea sólo por las relaciones familiares, de amistad o afectivas (no es que antes estuviera permitido).
¿El nepotismo es un problema en sí mismo? ¿Perjudica lo que genera el nepotismo?
Me parece que ambas preguntas merecen respuesta afirmativa.
A causa del nepotismo no llegan las personas más aptas.
No obstante, no sólo el nepotismo genera ese fenómeno.
Para dar claridad a la idea: a la sociedad le perjudica que la justicia no esté en manos de alguien con el perfil adecuado, ese alguien, pudo haber llegado al cargo por sus relaciones familiares, de amistad o afectivas, pero igualmente llegan otros, que aun si ser esa su puerta de entrada, no muestran capacidad, compromiso, ni profesionalismo.
El nepotismo por sí mismo es un mal que debe erradicarse, pero éste converge en un punto específico con otras vías de acceso, porque el verdadero problema es que la administración de justicia no se vea menoscabada por el deficiente desempeño de integrantes de la Judicatura sin la vocación o aptitudes necesarias, con nepotismo o sin él.
La puerta de acceso al aparato de justicia federal puede no ser el nepotismo, pero quien carece de vocación de servicio, no la va adquirir en un curso, ni en la obtención de grados académicos.
Al final, ciertamente el nepotismo por sí mismo es un mal que debe erradicarse, pero éste converge en un punto específico con otras vías de acceso, porque el verdadero problema es que la administración de justicia no se vea menoscabada por el deficiente desempeño de integrantes de la Judicatura sin la vocación o aptitudes necesarias, con nepotismo o sin él.
Ahora, veo esta problemática, si con motivo de la reforma se lograra castigar con mayor rigor el nepotismo de forma que éste disminuyera (de nuevo, no es que estuviera permitido)
¿cuándo serán palpables esos resultados? ¿La reforma provocará un examen o análisis del desempeño de todo el personal, hayan llegado con o sin nepotismo?
¿Si la reforma se refiere exclusivamente a nuevos nombramientos, entonces, debe esperarse a un cambio generacional para ver que se cumplan los fines de tan enorme esfuerzo legislativo y político?
Por otra parte, la reforma es omisa en reforzar instrumentos que permitan una correcta y eficaz terminación de la relación para con el Poder Judicial de la Federación, por ejemplo, será de libre remoción exclusivamente el secretario proyectista.
Continúan los procedimientos de lento andar y no se vislumbra reforzamiento de áreas del Consejo para ese fin.
Sigue el titular del órgano con esas facultades, provocando una enorme carga administrativa, en lugar de enfocar su tiempo y energías a lo jurídico-sustancial.
Con la reforma se busca que los órganos jurisdiccionales sean integrados por personas con las aptitudes y actitudes ideales para la prestación de un servicio público tan importante que, si decae, tambalea el estado de derecho indispensable en una democracia.
Una reforma tan amplia, seguramente tiene detrás un equipo multidisciplinario integrado por gente muy capaz y reconocida.
Pero si vas a rediseñar un avión, así los protocolos aeronáuticos internacionales no te obliguen, ni tampoco alguna cuestión moral, tal vez sea buena idea tomar la opinión del piloto, finalmente él lleva en sus manos la seguridad y la vida de los pasajeros.
El avión anterior carecía de asistencia para aterrizajes forzosos, el nuevo es mejor, probablemente más rápido, más cómodo, pero igual carece de ese botón que el piloto hubiera agradecido, porque la gran mayoría de los pilotos quieren realmente lograr buenos vuelos y auténticamente se preocupan y ocupan de la seguridad de sus transportados.
El piloto tendrá que esperar, pero sobre todas las cosas, los pasajeros. ¿Por cuánto tiempo?
No se sabe.
P.D. La historia que se cuenta en el primer párrafo no es ficticia.






Escala_Legal_39_junio 2026[/caption]