- El intento de reforma electoral en México reavivó el debate sobre la eliminación de la representación proporcional. Si bien la propuesta buscaba reducir costos y limitar el control de las cúpulas partidistas, también planteaba el riesgo de revertir el sistema hacia un modelo de partido dominante.
El sistema político mexicano se encuentra en un proceso de deconstrucción institucional.
Tras haber consumado la transformación al Poder Judicial, el Poder Ejecutivo ha promovido una serie de reformas a la estructura y funcionamiento del Poder Legislativo, destacando, como uno de los aspectos de mayor importancia, la supresión o reducción de la representación proporcional en el Congreso de la Unión.
De ahí que la legitimidad, el costo y la efectividad de los denominados legisladores “plurinominales” están siendo objeto de un análisis que no solo se reduce a un número de escaños, sino a la capacidad del Estado para garantizar un pluralismo político efectivo.
¿Qué se buscaba conforme al Plan “A” de la Presidenta Claudia Sheinbaum?
Inicialmente, la administración de la Presidenta Claudia Sheinbaum sostuvo una narrativa sobre la eliminación de la representación proporcional bajo el argumento de «austeridad republicana».
En la Cámara de Diputados se propuso mantener los 500 integrantes; sin embargo, ahora todos serían elegidos mediante votación directa. Mientras tanto, en la Cámara de Senadores se propuso reducir el número de integrantes a 96 senadurías: 64 por mayoría relativa y 32 de primera minoría.
Este proyecto, si bien no se aprobó en dichos términos, reactivó el debate sobre la conveniencia de la representación proporcional en el Estado Mexicano.
Argumentos a favor de la supresión: Austeridad y distorsión institucional
Uno de los principales argumentos para promocionar la reducción de los integrantes del Congreso de la Unión era el gasto que dichos legisladores representan.
Según información obtenida en “La Representación Proporcional en el Congreso de la Unión” (García Romero, 2024), el mantenimiento de los 232 legisladores plurinominales del Congreso de la Unión implica un costo anual superior a los 215 millones de pesos; cifra que pretende reorientarse para el cumplimiento de las políticas públicas en sectores críticos como salud o educación.
Por otro lado, existe una percepción fundada de que las listas de los plurinominales han sufrido una «captura oligárquica». Propiamente, se advierte que las cúpulas partidistas han utilizado estos escaños como un mecanismo de autobeneficio.
De esta forma, en lugar de incluir a perfiles técnicos, académicos o representantes de minorías sociales, las listas cerradas y bloqueadas han servido para blindar a dirigentes nacionales y exgobernadores con «fueros», sin que estos tengan que someterse al escrutinio directo del voto ciudadano.
Esta desconexión genera legisladores cuya lealtad no es con el elector, sino con la dirigencia que los colocó en los primeros lugares de la lista (salvo el caso, no tan excepcional, del transfuguismo político).
¿Cuál es la importancia de la representación proporcional?
La representación proporcional no obedece a un mero capricho, sino que es el resultado de décadas de esfuerzo por parte de la oposición en contra del régimen totalitario en el siglo XX en el Estado Mexicano.
Los legisladores plurinominales actúan como un contrapeso en los parlamentos; de forma tal que su presencia obedece a la “voz de las minorías”.
Ejemplo Ilustrativo
Imagine que un grupo de 10 amigos decide qué música escuchar en un viaje. A seis de ellos les gusta el pop, a tres el rock y a uno el jazz. Bajo una mayoría simple, los seis fans del pop ganarían cada votación, obligando a los otros cuatro a escuchar un solo género durante todo el trayecto. En este escenario, el 40% de los gustos del grupo queda silenciado.
En este espíritu se consolidan los «plurinominales» en los años setenta: para actuar como un «ecualizador» que permite que esos fans del rock y el jazz (las minorías) tengan un espacio en la lista de reproducción nacional. Su existencia asegura que el Congreso no sea una estación de radio de una sola frecuencia, sino una sinfonía donde el volumen de cada instrumento sea proporcional al número de personas que votaron por él.
En este sentido, la eliminación de los plurinominales conlleva un riesgo sistémico: sin dichos escaños el pluralismo se debilita, reduciendo el espectro político a un sistema de partido dominante sin contrapesos efectivos. El pluralismo no es una concesión graciosa del poder, sino una exigencia de un Estado que se jacta de ser democrático.
La Alternativa: Democratizar para no destruir
Frente a la disyuntiva de eliminar o mantener la representación proporcional, surge una «tercera vía» técnica que busca rehabilitar la institución sin sacrificar el pluralismo.
El objetivo no es la desaparición de la figura, sino su limpieza profunda para que recupere su sentido constitucional originario.
Para lograrlo, se han impulsado las siguientes acciones afirmativas:
-Prohibición de Autobeneficio: Impedir que quienes ostentan cargos de dirección nacional en los partidos políticos puedan registrarse simultáneamente en las listas de representación proporcional o, en su caso, que se separen de su cargo al menos un año antes del registro de candidaturas.
-Apertura de Listas a Votación Directa: Para combatir la percepción de que los «pluris no se lo ganan en las urnas”, se debe transitar hacia un sistema de listas abiertas. En lugar de listas cerradas decididas por la dirigencia, la ciudadanía debería tener el poder de votar directamente por el candidato de su preferencia dentro de la lista el día de la elección.
En conclusión, eliminar los espacios plurinominales es una simplificación que ignora la complejidad de nuestra democracia. Si bien la figura se ha desvirtuado bajo prácticas de favoritismo y nepotismo, su supresión representaría un retroceso hacia el autoritarismo que el Estado Mexicano tardó décadas en superar.
Referencias:
- García Romero, Gustavo (2024). La Representación Proporcional en el Congreso de la Unión.







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