- El autor quien se desempeña como diputado local de Sonora plantea que la relación entre Sonora y Arizona trasciende las fronteras nacionales, consolidándose como una alianza estratégica transfronteriza basada en una historia compartida, cooperación económica, social y ambiental.
La relación entre Sonora y Arizona tiene raíces profundas, anteriores incluso a las fronteras que hoy nos dividen.
Con el Tratado de La Mesilla en 1853 se estableció la frontera actual, dando continuidad a los cambios impulsados por el Tratado de Guadalupe Hidalgo de 1848.
Pero más allá de las líneas geográficas, lo que realmente ha perdurado es una historia compartida, una cultura mestiza que dialoga y una vecindad con vocación de cooperación.
Hoy, esa relación ha evolucionado bajo el concepto que académicos como Pablo Wong-González definen como regiones asociativas transfronterizas: alianzas estratégicas entre entidades subnacionales —como Sonora y Arizona— que cooperan en los ámbitos económico, ambiental, cultural y social.
Estas regiones no reemplazan la política exterior nacional, sino que la complementan con una visión práctica desde lo local, a través de esquemas binacionales de planeación que integran a gobiernos, empresas, academia y sociedad civil.
Un ejemplo paradigmático es precisamente la relación Sonora-Arizona.
Desde 1959, cuando los gobernadores Álvaro Obregón Tapia y Paul Fannin sentaron las bases de la cooperación institucional, se abrió un camino que culminó en 1971 con la creación de las Comisiones Sonora-Arizona y Arizona-México.
A más de medio siglo de distancia, estas instancias siguen vigentes y activas, fortalecidas hoy con una visión renovada: integración económica, competitividad global, movilidad humana digna y desarrollo sostenible.
En la reciente reunión binacional de legisladores, celebrada el pasado 10 de junio, reafirmamos una convicción compartida: somos más que vecinos, somos aliados. Nos une un comercio dinámico, cruces fronterizos cada vez más eficientes y una relación franca y propositiva entre el gobernador Alfonso Durazo y la gobernadora Katie Hobbs.
Es una alianza se construye sobre la confianza, el respeto y un horizonte común.
“Más que una frontera: una mega región con visión de futuro”
Ambos estados enfrentamos retos similares, pero también oportunidades únicas.
La transición energética y el auge de la industria de semiconductores nos colocan en una posición estratégica.
Sonora y Arizona, como mega región, tienen el potencial de liderar la producción de energías limpias, la innovación tecnológica y la manufactura avanzada.
No obstante, no todo es prosperidad sin desafíos.
La reciente oleada de redadas migratorias en California —particularmente en Los Ángeles— nos recuerda que los derechos humanos deben estar en el centro de cualquier política migratoria. Este tipo de acciones no deben replicarse ni normalizarse. La migración exige una respuesta integral, legal y humanitaria, donde la cooperación entre niveles de gobierno —local, estatal y federal— sea la regla, no la excepción.
También enfrentamos riesgos como los aranceles comerciales, las restricciones a las exportaciones agropecuarias —como el reciente cierre temporal al cruce de ganado— y los efectos del cambio climático.
La crisis hídrica, en particular, es quizá el mayor desafío común y exige una estrategia binacional que garantice el agua como derecho humano y como motor del desarrollo.
Aunque muchos de estos temas corresponden al ámbito federal, desde lo local y estatal podemos —y debemos— asumir un papel más activo.
Podemos, por ejemplo, armonizar marcos normativos, impulsar la cooperación técnica y convertirnos en puentes de entendimiento entre nuestras comunidades y quienes toman decisiones en ambos países.
Hoy más que nunca, la diplomacia local es un instrumento poderoso.
En Sonora apostamos por construir puentes, no muros; por sumar esfuerzos, no dividir competencias. Sonora y Arizona comparten más que una frontera: comparten un destino.






