- La coordinación de tiempos políticos y naturales es clave para abordar las complejidades del daño ambiental y garantizar un medio ambiente sano. El Plan General de Desarrollo 2025-2045 de la Ciudad de México impulsa una visión de largo plazo que incorpora la economía circular como eje para la transición ecológica.
La temporalidad es uno de los retos más importantes al abordar los problemas ambientales y la garantía al derecho al medio ambiente sano. Cuando los daños ambientales se manifiestan, frecuentemente sus causas se ubican en procesos, deficiencias y omisiones que han persistido por un tiempo prolongado sin atención.
De igual manera, las afectaciones al entorno natural y social de un desastre industrial suelen tener efectos acumulativos a largo plazo, lo que complica la mitigación, remediación y reparación del daño.
La misma dificultad se presenta ante las propuestas innovadoras para transformar nuestra relación con la naturaleza: ¿cómo asegurar la continuidad de las acciones cuando los tiempos político-administrativos no empatan con los tiempos de los ciclos naturales?
Entre los instrumentos de política ambiental en México la planeación tiene un lugar relevante como una herramienta para la formulación e implementación de soluciones a problemas ambientales (Anglés Hernández et al., 2021), ya que permite establecer una prospectiva de acción a largo plazo compartido entre las dependencias y entidades de la administración pública.
Al proporcionar un marco de acción y una meta, los instrumentos de planeación abren la posibilidad de que objetivos ambiciosos y que requieren la articulación continua de múltiples actores puedan traducirse en estrategias plausibles.
En este marco, llevar a cabo una política de economía circular, la cual exige transformar las lógicas industriales de producción y de consumo a fin de extender la vida útil de los productos y de minimizar la huella ecológica de su producción, distribución y utilización (Geissdoerfer et al., 2017), difícilmente podría lograrse en el corto plazo de un periodo de gobierno.
Una transformación sustantiva del modelo económico requiere un objetivo compartido que involucre los ámbitos de política industrial, ordenamiento territorial, laboral, educativa, fomento a la innovación, atracción de inversiones, normatividad e infraestructura de la calidad, entre otras.
Con el actual proceso de formulación, discusión y Consulta Pública del Plan General de Desarrollo 2025-2045 (PGD), la Ciudad de México actualmente vive un proceso icónico en la planeación del desarrollo que abre la posibilidad a la ciudadanía de construir un proyecto compartido de ciudad al ordenar, armonizar y proyectar los esfuerzos y demandas de la sociedad hacia un modelo de urbanismo socioambiental.
Esto dado que se trata de un instrumento al que se sujetarán los programas, políticas y proyectos públicos, así como la programación y ejecución presupuestal durante los próximos 20 años.
En el proyecto, que actualmente está disponible en el sitio
https://plazapublica.cdmx.gob.mx/processes/consultaPGD2025
la economía circular tiene un lugar sustantivo en los capítulos referidos al medio ambiente y economía, toda vez que se plantea el objetivo de que para 2045, la ciudad tenga un funcionamiento económico circular que minimice los impactos ambientales y se logre una transición ecológica mediante políticas energéticas centradas en las personas y comunidades.
La oportunidad de una proyección a largo plazo permite diseñar estrategias con distinta temporalidad y coordinación interinstitucional, cuyas acciones tendrán continuidad durante este periodo.
Vale la pena destacar que, si bien la construcción de escenarios de prospectiva detrás del actual proyecto del PGD se sustenta en una comprensión multiescalar y multifactorial del presente con el propósito de guiar las decisiones públicas necesarias para alcanzarlos, el logro de los objetivos y estrategias no está exento de riesgos. Uno de ellos radica, justamente, en los mecanismos de seguimiento para garantizar la continuidad, coherencia y consistencia de las acciones en el corto, mediano y largo plazo.
Por ejemplo, el desarrollo y fortalecimiento de las cadenas de valor que reconozcan e impulsen la circularidad en áreas como el ecodiseño, la reparación, reúso y reciclaje, o la incorporación de los residuos como materias primas secundarias, requiere atender carencias del ecosistema educativo y de innovación, en la inclusión financiera e incluso en la seguridad de las unidades económicas, cuyos efectos tardarán en manifestarse.
Además, la apuesta por impulsar el dinamismo, la diversificación económica, los encadenamientos productivos locales y la inversión privada hacia una economía circular está sujeta a la capacidad de la Ciudad de México para insertarse en los nuevos motores del desarrollo económico mundial (como la biotecnología y salud, la electromovilidad y energías renovables, los servicios de cuidado y salud, las Industrias creativas y culturales, las tecnologías de la información e inteligencia artificial)1, así como con la disponibilidad de instrumentos financieros y mecanismos de vinculación para impulsar proyectos productivos estratégicos con transparencia e inclusión social.
Si bien estos retos son importantes, la oportunidad de contar con un instrumento de planeación del desarrollo con una visión de largo plazo, en donde se reconozcan los límites ecológicos y se transformen las instituciones económicas, políticas y culturales para orientar las actividades productivas hacia el florecimiento de la vida humana y natural debe motivarnos como ciudadanía para involucrarnos en la construcción de las estrategias para afrontar esos riesgos.
- Todo ello con una reconversión productiva y gestión integral y sustentable del agua y los residuos.
Referencias
- Anglés Hernández, M., Rovalo Otero, M., & Tejado Gallegos, M. (2021). Manual de derecho ambiental mexicano. Instituto de Investigaciones Jurídicas – UNAM.
- Geissdoerfer, M., Savaget, P., Bocken, N. M. P., & Hultink, E. J. (2017). The Circular Economy – A new sustainability paradigm? Journal of Cleaner Production, 143, 757-768. https://doi.org/10.1016/j.jclepro.2016.12.048
SOBRE EL AUTOR: Es Jefe de Unidad Departamental de Políticas de Desarrollo del Instituto de Planeación Democrática y Prospectiva de la Ciudad de México






