- La autora especialista en política energética y medioambiental destaca que, aunque el hidrógeno verde existe desde los años setenta, hoy México se centra en su producción limpia y en superar retos como costos y regulación, con proyectos y normas en desarrollo para impulsar la descarbonización industrial y un futuro energético sostenible.
México —y el mundo— ya no se encuentra únicamente en la lucha contra el cambio climático, sino en la fase de adaptación al mismo.
Esto significa reconocer que el cambio es inminente y que debemos concentrarnos en cómo transformamos nuestros sistemas productivos para convivir con esta nueva realidad.
Cuando hablamos del hidrógeno verde, puede sonar como una de esas tecnologías recientes que aún requieren avances para ser adoptadas en todo su potencial.
Sin embargo, la conversación sobre este vector energético realmente comenzó en la década de los setenta, durante la crisis del petróleo. Aunque en ese entonces no se clasificaba como “limpio” o “contaminante”, ya existía la búsqueda de alternativas al uso de los combustibles fósiles.
Para entrar en contexto, el hidrógeno verde es un combustible limpio producido con energía renovable (solar, eólica, hidroeléctrica, etc.) para separar las moléculas de agua en hidrógeno y oxígeno mediante un proceso llamado electrólisis. Lo que lo hace “verde” no es el hidrógeno en sí, sino la forma en que se obtiene: no requiere combustibles fósiles ni genera emisiones de CO₂ durante su producción.
Por ello, es ideal para descarbonizar sectores industriales que no pueden electrificarse fácilmente —aquellos que utilizan gas natural o LP en procesos de alta temperatura— como el acero, el cemento, los químicos y el transporte pesado. Esto es importante porque Nuevo León concentra varias de estas industrias intensivas.
Desafíos y oportunidades para el despliegue del hidrógeno verde en México
A pesar de contar con los factores necesarios para su aprovechamiento – incluida la capacidad técnica de hasta 22 TW de electrólisis instalable, México enfrenta retos importantes, como el uso de agua desalinizada o residual, los costos de producción (hasta 3 a 6 veces más caros que el hidrógeno gris) y una normatividad aún en construcción.
Esta combinación genera incertidumbre y limita que las industrias asuman el riesgo de adoptar esta tecnología a gran escala.
No obstante, es importante reconocer que México está comenzando a reducir la brecha entre la teoría y la implementación.
Recientemente, la Secretaría de Energía (SENER) inició un proceso de consulta pública para recabar visiones del sector privado, la academia, los gobiernos estatales y la sociedad en general.
Este proceso servirá de base para elaborar una Hoja de Ruta y un Plan Nacional de Hidrógeno Renovable, que definirán políticas, regulaciones, incentivos y mecanismos de despliegue del hidrógeno verde en el país.
Este impulso surge tras la identificación de 24 proyectos de hidrógeno verde en desarrollo, con una inversión estimada de $21,000 millones de dólares, según la Asociación Mexicana de Hidrógeno (AMH2).
Estas iniciativas se distribuyen en al menos 13 estados, incluido Nuevo León, donde se proyecta producir más de 124 toneladas de hidrógeno verde al año mediante una instalación solar de 2.8 MW para procesos industriales intensivos en energía.
Estos desarrollos confirman que México no sólo está en la etapa de anuncios, sino entrando en una fase de autorizaciones y aprendizaje institucional.
Esa curva de aprendizaje —me duele decirlo— vamos tarde si nos comparamos con países latinoamericanos como Chile y Uruguay.
Sin embargo, también abre la oportunidad de aprovechar sus experiencias y adaptar las mejores prácticas a nuestro marco jurídico y técnico.
Considerando lo anterior, se identifican tres componentes clave para su despliegue:
- Marco regulatorio y normativo: reglas claras para definir producción, certificación, transporte, almacenamiento y usos finales. Estudios de la Alianza México–Alemania advierten la necesidad de estándares técnicos específicos.
- Infraestructura y cadena de valor: desde la generación renovable hasta la electrólisis, el almacenamiento, el transporte y la integración industrial. Más que requisitos, representan oportunidades para detonar nuevas inversiones en México.
- Incentivos, inversión y mercado: sin demanda, no habrá producción a escala. La señal económica es fundamental para activar toda la cadena.
Con ello, podemos afirmar que el hidrógeno verde es un mecanismo directo para acelerar el cumplimiento de las metas de descarbonización y modernizar la infraestructura energética e industrial del país, que no solo atraerá grandes inversiones, sino también es capaz de emplear nuevos puestos de trabajo destinados a la transición energética.
El reto ahora no es tecnológico, sino de velocidad, certidumbre e inversión. Transformar esta oportunidad en resultados tangibles será, quizá, la prueba más importante de nuestra capacidad colectiva para transitar hacia un futuro energético más limpio y competitivo.
Referencias: Para mayor información consultar los siguientes enlaces.
- GIZ (2021) Hidrógeno Verde en México: el potencial de la transformación, obtenido de: https://sursureste.org.mx/wp-content/uploads/2024/08/3.1-Hidrogeno-Verde_potencial-de-transformacion-Lorena-Espinosa-GIZ.pdf
- GLOBAL ENERGY (2025) México avanza en hidrógeno verde con inversiones 21.2 mil mdd: AMH2. https://globalenergy.mx/noticias/mexico-avanza-en-hidrogeno-verde-con-inversiones-21-2-mil-mdd-amh2/
- GLOBAL ENERGY (2024) Se construirá planta de H2 verde y parque solar en Nuevo León con inversión de 2,572 mdd. Obtenido de: https://globalenergy.mx/noticias/se-construira-planta-de-h2-verde-y-parque-solar-en-nuevo-leon-con-inversion-de-2572-mdd/






