Para crear un mundo más justo desde la dialéctica de Hegel, primero hay que eliminar las vulnerabilidades humanas y desprogramar lo aprendido, pues las máquinas inteligentes son un reflejo de la sociedad que las crea.
- A medida que aumenta la precisión de las máquinas inteligentes, también empiezan a aparecer sus posibilidades de fallar
- Para eliminar los sesgos de la inteligencia artificial, no basta la sensibilización, es necesario pasar a la acción y hacer un cambio de paradigma
La inteligencia artificial es un nuevo paradigma mundial. Se trata de un conjunto de tecnologías para diseñar máquinas que pueden realizar tareas complejas en el mundo real y superar las capacidades humanas.
Es la Cuarta Revolución Industrial. Esta era, llamada “de la información”, exige cambiar la idea neocolonialista de discriminar y sesgar sistemáticamente.
El aprendizaje automático ya llegó. Si las tecnologías anteriores aumentaron con éxito las capacidades humanas, entonces la expansión de la inteligencia artificial no sesgada proporcionará al mundo nuevas formas de pensar, ver y actuar.
A medida que aumenta la precisión de las máquinas inteligentes y sus capacidades comienzan a competir con los humanos, también empiezan a aparecer sus vulnerabilidades y posibilidades de fallar. Fracasan por no tener en cuenta toda la amplitud de la experiencia personal.
¿Esto es responsabilidad del ser humano o de la inteligencia artificial? Son un espejo de pensamientos, educación, prejuicios, preconceptos, un reflejo de la persona. Pero, ¿cómo podría eliminarse este sesgo?
Hegel partía de un pensamiento vitalista: la vida como movimiento de lo fijo, pues «sólo lo fijo se mueve». Si la definición de inteligencia artificial es fija y se busca darle vida a ese concepto, hay que «moverlo».
En la dialéctica hegeliana, la evolución de la idea se produce a través de un proceso en el que un concepto se enfrenta a su opuesto y, como resultado de este conflicto, llega un tercero, la síntesis. Su obra se basa en la concepción idealista de una mente universal que aspira a llegar al más alto límite de autoconciencia y de libertad.
En ese sentido, en el método dialéctico la tesis es que la inteligencia artificial está sesgada. La antítesis es eliminar sesgos y la síntesis es utilizar la inteligencia artificial para eliminar los propios y humanos.
Hablar de inteligencia artificial sin sesgos es contradictorio, pues ésta discrimina porque los seres humanos discriminan. El problema es interno y se debe combatir desde la educación, especialmente en la infancia.
El reto está en promover una sociedad más empática para llegar a una inteligencia artificial sin sesgos. Pero no basta la sensibilización, es necesario pasar a la acción, hacer un cambio de paradigma en donde los sistemas inteligentes ayuden a lograr esa empatía y a respaldar, por ejemplo, la expansión de la equidad de género.
Herramientas con tecnología de recursos humanos, como Textio, son capaces de proporcionar una escritura y una lectura aumentadas que detectan sesgos de tipo textual; GenderEQ, una aplicación basada en el aprendizaje automático, supervisa el tiempo empleado por hombres y mujeres en reuniones; la inteligencia artificial de Quicksilver se ha utilizado para identificar a mujeres destacadas ausentes de las páginas de Wikipedia.
La desprogramación no es sólo de robots ni de sistemas inteligentes. También es de seres humanos desaprender lo aprendido. Si preocupa la justicia social, también debería ser así con la justicia 4.0: proporcionar las mismas oportunidades a todos, valorar a las personas y “juzgar” con los mismos parámetros tanto a hombres como a mujeres, para que quienes sean más capaces ocupen los puestos de responsabilidad.
Las herramientas de inteligencia artificial de las próximas generaciones pueden aprender a transferir conocimientos y explicar a los humanos cómo llegan a conclusiones, requiriendo mayores capacidades de sentido común para reducir esa dependencia de grandes cantidades de datos. Hay que marcar sus tareas y los límites de las posibles desviaciones que puedan contener, sin olvidar que tienen su origen en quien las crea.
¿Una Inteligencia artificial sin sesgos? Si los seres humanos logran esa convicción social, sería una verdadera Revolución 4.0.






